Los desheredados


Éste no es un texto para hablar ni de política ni del Covid. No tengo bagaje suficiente para decirle a la gente lo que debe hacer y, mucho menos, a los moñas que nos gobiernan. Yo personalmente les metía a todos en el mismo saco y lo tiraba bien cerradito al mar.

Lo que sí que tiene albores de decadencia es lo que que acabamos de saber respecto a las herencias de muchos de los ancianos que han vivido encerrados durante la primera ola y ahora, parece que vuelven a vivir en la eterna soledad del tiempo que no pasa, del que no avanza. Nada para ellos mas que la amarga espera de llegar a su meta final.

Pero de todos ellos, de aquellos que nos levantaron con su esfuerzo en los sesenta y setenta, de los que no hicieron mas que dar por los que veníamos detrás, y ahora somos nosotros los que les damos por detrás, algo ha cambiado para siempre. Parece que hay un índice que está demostrándonos qué otra vez, son los que tienen más decencia a la hora de rascarse las últimas vestiduras, porque las peticiones a despachos para desheredar a hijos ha subido un quinientos por cien desde Septiembre. Y la cosa no ha hecho más que empezar.


—Ni una llamada para saber cómo estaba, ni un mensajito de esos de whatsapp que tantos mandan ellos hoy, no, nada de nada. Estoy harta y he pedido comenzar los trámites para desheredarle. No pienso dejarle ni un céntimo —comentaba una señora al salir de un despacho de abogados esta pasada semana.

—Se cree éste engreído que encima va a heredar mi casa —comentaba otro, que de soledad llevaba viviendo cinco meses…


—No se me ocurre otra forma mejor que dejarle todo a los pobres —decía otra interesada en estos temas, que se conoce como la nuda propiedad, que viene ser el vender su casa en vida por un importe mucho menos al del mercado pero que le da derecho a vivir en su hogar hasta que fallezca. Y el dinero que falta, para los pobres, pero para los de verdad, no para los de espíritu.

No hay frases de guerra civil, ni reproches ideológicos, de los que tanto proclaman quienes nos gobiernan, nos polarizan y nos enfrentan: sólo callan y siguen con ese silencio pausado del que ha hecho las cosas bien y de los que todavía tienen algo que nada ni nadie les podrá quitar: la dignidad.

Vivimos tiempos convulsos: encierros, boes, sátrapas y caraduras con poder, tontos que votan dogmas y dogmas que sólo tratan de devolvernos a lo peor del ser humano, al enfrentamiento de algo que es todo mentira y falsedad. A la crispación.


Un quinientos por cien han subido las solicitudes para desheredar.

Qué triste ver qué hay tipos entre nosotros de tal calaña. Son muchos, no lo duden. Puede que se los crucen al hacer la compra, o en el asiento del autobús, paseando por la calle, en la farmacia… No tiene que ir vestidos con ropas rasgadas ni agujeros en el pantalón, no. Son merluzos y merluzas que viven de sus abuelitas, de su abuelito y de sus mamás, mientras no han sabido hacer otra cosa en la vida, qué llorar y volver al feto de su mediocridad.

Buena suerte con la herencia.

21 vistas
 
  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram

©2020 A. J. Ussía