Bowie, Lennon y el azar

Las casualidades puede que tengan una hoja de doble filo cuando deciden tropezar dos veces con la misma persona. O al menos, eso parece que hizo la historia con dos de los cinco mejores músicos del rock. Ellos eran David Bowie y John Lennon y Nueva York fue el escenario donde el azar jugó dos veces con la suerte de estos animales de la música.


Ambos eran británicos y brillantes, de la misma generación pero no se trata de un articulo que busque las similitudes entre dos artistas sino más bien, de cómo la vida es la que a veces juega las cartas que ponemos en la mesa. Todos los ludópatas serían ricos, amigos.


En 1975, Bowie preparaba su disco Young Americans en la ciudad de los rascacielos. Tras éxitos como Diamond Dogs (1974), Aladine Sane, Pin Ups y el mítico The Rase and fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars(1971), Bowie estaba en plena fusión de sus personajes, de Ziggy al Duque Blanco al paso de esos sonoros camiones, humo, sirenas y el ruido característico, bullicioso y motorizado que acompaña el paisaje de Nueva York. Lennon llevaba tiempo viviendo allí y aunque durante ese año anduvo entrando y saliendo del romance que acabó con los Beatles, encontró en su compatriota mucho más que a un compañero de profesión y de acento.

Y se juntaron a grabar como no podía ser de otra manera. En el estudio, el guitarrista de Bowie, Carlos Alomar, sacaba ingentes cantidades de riffs y melodías de guitarra y Lennon invitado por su amigo a las sesiones de grabación se quedó colgado con el inicio de lo que posteriormente sería el tema Fame.



Comenzaron a darle forma: las letras, las conversaciones entre los dos, y poco a poco nació una letra que al fin y al cabo criticaba la pérdida de anonimato y lo que suponía no poder llevar una vida normal por los albores que la fama provocaba en cualquier famoso, en general. Cuando tenían prácticamente el tema grabado decidieron irse a cenar los tres pero Alomar, no podía levantarse de la silla de producción y decidió quedarse para aprovechar todas las tomas que habían grabado. Al volver de la cena lo tenía terminado y no tardó en ser un éxito rotundo que llegó a número 1, de las listas de éxitos de Estados Unidos en pocos meses. Sus protagonistas afianzaron su relación tanto profesional como personal al otro lado del charco y pronto comenzaron a estrechar lazos.

Y llegó aquel fatídico año de 1980, donde el filo de la navaja volvió a rozar a la pareja, que al fin y al cabo, es por lo que están ustedes leyendo este texto.

De John Lennon sabemos su trágico final, con ese —Mr Lennon —a voz en grito del hijo de puta de Chapman cuando volvió del estudio ese ocho de diciembre. Algunos no sabrán que esa misma mañana, el tarado pidió un autógrafo a Lennon cundo salía hacía el estudio y que por supuesto éste le firmó. Diez horas más tarde ahí seguía el maníaco cuando ocurrió el fatal desenlace. Raro que el portero del Dakota no sospechara de aquel gordo con aspecto de proxeneta.

Pero lo que hace del tema un tropezón del azar fue lo que encontraron entre las pertenencias del asesino: llevaba el autógrafo de esa mañana y una entrada para ver en el teatro de Broadway al día siguiente la función, Elephant Man, que David Bowie protagonizaba. Si Chapman no se hubiera cepillado a Lennon, su siguiente víctima en la lista era el mismísimo Bowie, quien se enteró de los planes del asesino cuando la policía de Nueva York le contó todo.




Pero Bowie ya sospechó algo terrible cuando al día siguiente del asesinato de su amigo, comprobó en efecto que había tres asientos libres en el teatro, como el mismo confesó en la revista Farout Magazine : “La noche después de la muerte de John había tres asientos vacíos en la primera fila. No puedo decirte lo difícil que fue continuar. Casi no superé la actuación”, porque además de Lennon y Yoko Ono, invitados a la función, faltó el asiento de Champan, detenido desde el día antes por la muerte de John Lennon.


¿Y si Lennon hubiera salido a cenar esa noche?, ¿y si Bowie hubiera programado Elephant Man una semana antes?,

¿y si el portero del edifico hubiera actuado?

¿Hubiese matado a los dos en caso de picar su entrada en el teatro? ¿Y si hubiera errado los disparos y se hubiera cargado a Yoko Ono en vez de a Lennon?. Me juego el cuello que hubiéramos vuelto a escuchar Penny Lane en los grandes escenarios veraniegos de Hyde Park.


Lennon hubiera cumplido ochenta años esta semana.



Este texto amplia las historias del rock publicadas en Instagram Stories : @a.j.ussía


 
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